«Arrimadas quería quitar a Ayuso y a Pikachu en Madrid»


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Fran Hervías (Tossa de Mar, 1983), hijo de guardia civil en Cataluña, donde se licenció en Geografía escuchando insultos como «charnego» o «fascista», empezó a interesarse por la asociación Ciutadans, precisamente, por una agresión universitaria a Arcadi Espada en 2006. Aquel año, se afilió a Ciudadanos pocos meses después de su fundación y se enroló en la delegación de Gerona, aunque siguió alternando estudios (máster en Climatología) y trabajo. Hasta que un 16 de junio de 2009, cuando acabó su jornada en la recepción de un hotel, le llamó al teléfono Albert Rivera para que le acompañara en su proyecto.

Desde entonces, Hervías fue viviendo el crecimiento electoral de CS, siendo el artífice o «hombre milagro» de la expansión nacional del partido planificada desde 2012 y ejecutada en los años sucesivos como secretario de Organización, cargo que ostentó entre 2014 y 2020. Con la marcha de Rivera tras el descalabro del 10-N dejó su responsabilidad orgánica y pasó a ser senador ya en la etapa de Inés Arrimadas, pero los pactos de los naranjas con Pedro Sánchez le llevaron a dejar el partido en marzo de 2021. Luego, fichó por el PP -donde sigue afiliado- de Pablo Casado y estuvo un año con despacho en Génova trabajando por la unificación del centroderecha. Hasta que estalló la crisis que aupó a Feijóo y no fue renovado.

Fran Hervías y su libro sobre la historia de Ciudadanos.

Echando la vista atrás, Hervías ha escrito un libro titulado Ciudadanos. La historia jamás contada (Península) que presenta este viernes y que cuenta en detalle las luchas ideológicas y las pugnas personales que hubo en la dirección de los naranjas. OKDIARIO le entrevista aquí con motivo de dicha publicación.

PREGUNTA.- ¿Es este libro un ajuste de cuentas?

RESPUESTA.- No, no es un ajuste de cuentas, ni es una venganza en contra de nadie ni nada. Sé que hay gente que está ahí intentando orientarlo a ese punto. Es un libro que explica mi vivencia dentro de Ciudadanos y toda la etapa política que he vivido yo. Todo bien documentado. De hecho, se concretan fechas, días, lugares, es decir, todo lo que se explica es más que demostrable. No profundizo en temas personales, ni en fobias de la gente, sino que, básicamente, a partir de todo lo vivido entonces, de mi infancia y juventud, que también hago referencia a ello, relato cómo construimos un proyecto tan bonito como era Ciudadanos.

P.- Girauta le llama en el prólogo el «hombre milagro» del «partido milagro». Más elegante que lo del señor Lobo. ¿No es así?

R.- Sí, bueno, la verdad es que fue el propio Girauta el que me puso el mote de señor Lobo. Es decir, que también se agradece que en el prólogo no haga mención a ello, una etiqueta que se me ha quedado para lo bueno y para lo malo. Dentro del partido, desde una perspectiva comunicativa de marketing, les interesó también explotar esa figura mía del miedo del lobo, de la película de Pulp Fiction, por la capacidad que tenía y la rapidez en solucionar conflictos y atajar los problemas y desplazarme a los sitios para solucionarlo. A mí, se puede tachar de muchas cosas, pero de lo que no se puede tachar es de que no sea una persona que trabaje. Entonces, yo le dedicaba horas y horas, de lunes a domingo, y cuando había un conflicto, sea el día que fuese del año, cogía el coche, el mío personal o un tren o un avión, y en menos de 24 horas estaba en el sitio para solucionar el conflicto.

P.- Por seguir con el prologuista y parte destacada de esta historia. Hay una frase suya en un momento clave que me ha llamado la atención. Cuando dijo en 2019: «Parece que el nacionalismo ha penetrado en la cúpula de Ciudadanos». ¿Por quién lo decía?

R.- Si no recuerdo mal, nos enseñaron unos estudios de Cataluña en el que se volvía a incidir en la necesidad de que Ciudadanos tenía que dar un giro con tics más catalanistas en Cataluña. Copiar el discurso que tenía entonces Unió. Pero Ciudadanos no nació para eso, precisamente. Entonces ahí Girauta, que ha sufrido -hemos sufrido- mucho el separatismo y el nacionalismo en Cataluña, hizo esa reflexión ese día. En ese comité ejecutivo hubo mucha tensión, con discusiones bastante acaloradas, y realmente Girauta tenía razón. Es decir, Ciudadanos no nació para ir con la calculadora electoral. Si se demostró algo es que sabíamos ganar unas elecciones en Cataluña en contra del criterio, precisamente a veces del propio equipo de allí, de Cataluña, no del nacional. Impusimos lo que era la hoja de ruta y la estrategia que se tenía que llevar a cabo en Cataluña, porque era lo que pensábamos y creíamos que era básicamente poner pie en pared en contra del separatismo y de los nacionalistas.

P.- Entonces ¿podemos decir que Ciudadanos nació en Cataluña y murió por problemas internos en Cataluña?

R.- Ciudadanos murió porque se decidió que en vez de seguir la línea ideológica de valores, de principios, del Ciudadanos auténtico en la expansión nacional, se hizo un viraje. Fue lo que hizo Inés Arrimadas, convertir a Ciudadanos en una muleta del sanchismo, en un apéndice de Pedro Sánchez y de Pablo Iglesias. Hechos: Inés Arrimadas impulsó mociones de censura en contra del Partido Popular y de gobiernos de Ciudadanos en varios sitios de España. Yo creo que una persona que se considere liberal y que tenga una mínima de sensatez, no quiere quitar a Ayuso de la Presidencia de la Comunidad de Madrid. Inés quería quitar Ayuso de presidenta de la Comunidad de Madrid. Quería quitar a Pikachu de de alcalde de Madrid, quería quitar al PP de la Región de Murcia y a Ballesta, que lo consiguió, de alcalde de Murcia capital. Es decir, Inés Arrimadas lo que hizo es un giro de 180 grados, dejar de abrazar el liberalismo para convertirse en un partido que iba haciendo mociones de censura con Pedro Sánchez y con Pablo Iglesias en varios sitios de España. Yo no conozco a nadie, o a casi nadie, que no quiera a Ayuso de presidenta de la Comunidad de Madrid.

P.- Si en 2015 ya hubo una intentona del ala más catalanista por hacerse con el control del partido. Y fracasó. ¿Por qué se repitió la historia en 2019?

R.- La verdad es que fue algo que a mí me sorprendió, porque veníamos de ganar las elecciones, con la estrategia que nosotros consideramos, que era, que al fin y al cabo hasta aquí hemos llegado. Cataluña es España, somos catalanes y españoles y europeos. A los golpistas hay que decirles que estas son unas líneas rojas y que no vamos a permitir que sigan rompiendo el marco de convivencia y rompiendo la Constitución. Y vamos a demostrar que se puede ganar. Entonces, a mí me impactó que de nuevo, otra vez, se quisiera girar en esa, en esa línea, en esa línea estratégica. A día de hoy sigo sin comprenderlo.

Se intentó en 2015 y muchos diputados se escandalizaron entonces: nos llamaban y nos contaban: «Es que nos dicen que no hagamos intervenciones en castellano, que las hagamos en catalán, que en castellano solamente las va a hacer Inés». Yo entendí entonces que Inés quería tener más repercusión mediática, y que era una cuestión de egos. No le di importancia. Pero después hubo situaciones en la estrategia de retirar lazos amarillos, de tener más presencia de la bandera española, donde se ponían pegas. Nos chocó mucho.

Lo que hizo Inés Arrimadas fue convertir a Ciudadanos en una muleta del sanchismo, en un apéndice de Pedro Sánchez y de Pablo Iglesias

Es cierto que cuando Inés se opone a algunas estrategias, después se le insistía y lo acaba asumiendo y hacía unos discursos magníficos. Pero tenía esos tics. Yo le digo el síndrome del PSC, el Partido Socialista de Cataluña, que parece que como no eres separatista tienes que estar pidiendo perdón todo el día o haciendo ver que eres catalanista para que te perdonen. ¿Perdonen de qué? Si estamos orgullosos de ser catalanes y de ser españoles. Y eso creo que fue lo que marcó la gran diferencia de Ciudadanos, rompimos la espiral del silencio. En Cataluña nadie se atrevía a poner una bandera española, nadie se atrevía a hablar en castellano en el Parlamento de Cataluña. Ciudadanos rompió esa espiral del silencio hasta tal punto que ganamos.

P.- ¿Fue la dimisión de Toni Roldán el principio del naufragio de Ciudadanos?

Durante aquellos meses, varias personas, internamente, nos decían que había movimientos muy raros en el área de la Secretaría de Programas que dirigía Toni Roldán. Y a Juan Carlos (Girauta) le llega que realmente parece ser que se está construyendo una corriente interna para intentar desbancar a Albert Rivera y poner a Inés al frente. A mí me cuesta creer, y lo pongo en el libro, que realmente fuese así. ¿La dimisión de Toni Roldán encendió la mecha? Puede ser. Después vino un rosario de críticas, de más dimisiones. Y además, el relato de dimisión de Toni Roldán era que Ciudadanos había pactado con Vox, cuando no pactó con Vox en ningún sitio. De hecho, las negociaciones del Gobierno en Andalucía, donde Vox apoyó ese gobierno, las llevó él con Luis Garicano. Yo a él le pasé la relación de personas que podían estar en ese futuro gobierno, de medidas que se tenían que llevar a cabo, personas que por cierto, a día de hoy siguen en el gobierno del Partido Popular de Moreno Bonilla.

P.- ¿Cuáles son sus certezas de que Inés Arrimadas estuvo detrás de la caída de Albert Rivera?

R.- Me gustaría creer que Inés no era conocedora o que realmente no había una conspiración para hacer caer a Albert Rivera. Quizá no se sepa nunca, o quizás sí. Están los indicios. Nos llega mucha información de lo que está pasando, lo que puede ocurrir y de golpe vemos hechos que concuerdan con lo que nos llegaba, con lo que nos iba llegando. Villegas hablaba a veces de profecías cumplidas en política, que hay una profecía y después se acaba cumpliendo. Insisto, me gustaría creer que realmente ni Inés, ni Toni Roldán, ni Luis Garicano, ninguno, idearon o coordinaron una conspiración para hacer caer a Albert Rivera. Los indicios y los hechos que se vivieron esos meses no ayudaron, es evidente.

El surgimiento de Vox frenó a Ciudadanos y nos restó un crecimiento del votante protesta para intentar regenerar la política española

Cuando Toni Roldán dimite, cuando Inés se opone a estrategias que se estaban llevando a cabo, cuando de golpe hay críticas en contra de Albert, cuando se va narrando a medios de comunicación lo que va pasando en un comité ejecutivo, eso no ayudó, lógicamente. Estás en pleno proceso electoral de unas elecciones, eres un cargo relevante de Ciudadanos y haces una rueda de prensa mintiendo, diciendo que Ciudadanos está pactando con la extrema derecha cuando no había ningún pacto y las negociaciones con Andalucía las habías hecho tú… En Ciudadanos también se habían cerrado gobiernos con el PSOE en muchos municipios. Es claramente con la voluntad de hacer daño. No tiene ningún otro sentido. Y después cuando hay un rosario de dimisiones, una detrás de otra, en pleno proceso de repetición de elecciones, pues a uno le queda la duda, pero insisto, me gustaría creer que no era así.

P.- En un ejercicio de autocrítica, algo inusual en política, admite que llegaron tarde a desenmascarar a la banda de Sánchez; esto es, el pacto que había urdido el líder del PSOE con Pablo Iglesias y el Frankenstein en la repetición electoral. Pero, ¿acaso lo contrario, denunciarlo antes, no habría acelerado la crisis interna al haber partidarios de un mayor acercamiento al PSOE?

R.- Pues podría haber pasado. Creo que nos equivocamos en no saber desenmascarar antes a Sánchez. Nosotros fuimos coherentes con lo que prometimos a los españoles, que es que a Sánchez no lo haríamos presidente porque sabíamos quién era. Rivera detalló cuál era el plan de Sánchez y su banda. Se ha cumplido al pie de la letra. Estamos a marzo de 2023 y lo que dijo al ver en julio de 2019 se ha cumplido absolutamente todo. De la primera a la última. ¿Haberlo hecho antes hubiese podido originar que toda la coyuntura de la situación interna de Ciudadanos se avanzara? Pues seguramente sí. O seguramente no, porque a lo mejor les habría parecido que la estrategia funcionaba para que fueran ministros. Parecía también que algunos habían entrado en Ciudadanos para ser ministros. Querían ser ministros con Rajoy, querían ser ministros con Sánchez y ahora quieren ser ministros con Feijóo. Es decir, gente a la que le gusta entrar en política no por convicción, sino por necesidad, o para intentar aspirar a entrar en un gobierno. Que es legítimo, pero yo no lo comparto. Yo ahora soy del Partido Popular y me fui al Partido Popular por convicción, no por necesidad, dejando mi acta en el Senado.

P.- ¿Le ha llamado Juan Marín por lo que cuenta en el libro sobre su buena digestión de pizzas la peor noche de la historia de Ciudadanos?

R.- No.

P.- Dice en el libro que Abascal y Tamames colaboraron en actos con Ciudadanos o la plataforma Movimiento Ciudadano. ¿Fue la aparición de Vox un elemento perjudicial para el partido naranja?

R.- Tamames asistió a una escuela de verano de Ciudadanos. Vino a apoyar. De hecho, gente de Ciudadanos que ha votado en contra de Tamames y a favor del gobierno de Sánchez en la moción de censura, lo ponía entonces por las nubes y lo alababan. No hace mucho le pedían hasta su teléfono. No voy a decir nombres porque me gusta ser cuidadoso. Y Abascal asistió al acto de presentación de la plataforma Movimiento Ciudadano. Es decir, no colaboró, sino que asistió como uno más a la presentación de la Plataforma del Movimiento Ciudadano.

Me fui a trabajar al PP como un asesor más, como un currante más, no como cargo político, y diseñé todo un plan estratégico para el centroderecha

El surgimiento de Vox frenó el crecimiento de Ciudadanos. CS podía creer hasta diez, para entendernos, y originó que creciéramos hasta siete. Es decir, nos restó un crecimiento del votante protesta, el votante cabreado, que votaba Ciudadanos para intentar regenerar la política española. Mucho de ese votante acabó votando a Vox y, por tanto, la entrada de Vox en el escenario político español originó que Ciudadanos frenara su crecimiento. No obstante, crecimos mucho. Porque se habla de que Rivera y su equipo se cargaron Ciudadanos y a mí me gusta poner números reales. En el año 2015 Ciudadanos tenía 9 diputados autonómicos en Cataluña y 11 concejales, y en mayo de 2019 pasó a 167 diputados autonómicos, 57 nacionales y 3.000 concejales. Después bajamos a diez diputados nacionales, pero no lo hicimos tan mal cuando, en cuatro años, construimos un partido que estaba gobernando para 20 millones de españoles.

P.- Tras los apoyos de CS a Sánchez, usted dejó el partido, se afilió al PP y trabajó para Casado en la reunificación del centroderecha. ¿Cómo está siendo la actuación de Feijóo en este sentido?

R.- Me alegro de que esté ejecutando la estrategia de reunificación por la que algunos apostamos. Yo me fui a trabajar al PP como un asesor más, como un currante más, no como cargo político, y diseñé todo un plan estratégico para el centroderecha. No sólo para traer gente de Ciudadanos, pese a que se habla mucho de una OPA hostil, que no existía. Un dato: estando yo en Génova sólo se incorporaron 25 personas provenientes de Ciudadanos, 25 cargos relevantes de Ciudadanos. De estos 25, ninguno de ellos con acta. Ahora creo que van ya por 200 personas si no recuerdo mal los malos números. Y se está ejecutando ese plan estratégico. Que sea exactamente el mismo mío o que hayan hecho uno nuevo… Si han hecho uno nuevo, coincide en un 95% con lo que yo dejé hecho. Por tanto, en definitiva, me alegro porque realmente demuestra, por un lado, que teníamos razón, que era necesario reunificar el centroderecha y que el trabajo que hicimos durante ese año en Génova estaba bien hecho porque se está llevando a cabo.

P.- Y para terminar, ¿ve a Rivera volviendo a la política de la mano del PP, tal vez como independiente en un cargo público del Gobierno Feijóo?

R.- Ojalá Albert volviese a la política. No creo que vaya a volver, por desgracia. Y España se ha perdido a un gran presidente como podía haber sido Albert Rivera.



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