La derecha cae en una profunda depresión con Pikachu


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El Mundo

«La Guardia Civil celebra el varapalo a Marlaska por el cese de Pérez de los Cobos: «Fue una ‘vendetta’ del peor ministro de Interior»». Dice el editorial que «el varapalo del Tribunal Supremo al Ministerio del Interior por la destitución del coronel de la Guardia Civil Diego Pérez de los Cobos supone una desautorización moral implacable de Fernando Grande-Marlaska que lo sitúa en una posición insostenible». «El cese del coronel en mayo de 2020 fue el pecado original de Marlaska: el primero de una serie de escándalos que han degradado la imagen de Interior». Ha degradado la imagen de Marlaska, un juez corrompido por el sanchismo. No se puede caer más bajo.

«La sensación extendida es que la Justicia corrige una injusticia. Cabe preguntarse cómo puede continuar en su cargo un ministro reprobado con tal crudeza por el Supremo y enfrentado de tal manera a un cuerpo tan importante como la Guardia Civil». Porque ha perdido la dignidad y el respeto por sí mismo. Es lo que tiene el sanchismo, que ensucia todo lo que toca.

Jorge Bustos lo explica poéticamente. «Hoy, cinco años y 176 etarras acercados después, la honorabilidad de Marlaska es como ese pellizco de polvo gris con el que los cristianos arrancan la cuaresma; como un pájaro dodo que nadie recuerda vivo; como la libertad de un preso pálido de no ver el sol. Pero lo quemado ya no arde más, así que Marlaska programó su bautismo de queroseno cuanto antes». Pues eso, que está más quemado que la pipa de un indio.

«Incluirlo en la crisis habría supuesto un alivio inmerecido, un blanqueamiento. La crueldad de Sánchez es infinitamente más refinada: ha querido castigar a Marlaska no echándolo de este Gobierno sino manteniéndolo en él hasta el final. Exhibiendo el túmulo de cenizas desde el que apenas humea el hilo afónico de su voz, calcinado hasta los tobillos, con todo el pasado por delante. A quién puede juzgar mañana un espectro así en un tribunal que se respete a sí mismo». Vamos, me toca a mi en juicio y huyo de España. Eso no es un juez.

«Moncloa enfada a Podemos al no permitir a Belarra explicar la ley de familias, una de sus iniciativas estrella». Uy, uy, uy, y ya van dos. Sánchez tiene a las niñas castigadas.

Federico Jiménez Losantos habla de la reforma de las pensiones. «Se dirá que, si nos paga al jubilarnos lo que antes nos quita, nada perdemos. Pues sí. Podríamos poner ese dinero a producir, o, sin arriesgar nuestro retiro, dejarlo a salvo del Gobierno de turno. Pero al quitarnos cada año lo que cotizamos para pensiones, el Gobierno nos deja sin nada, nada se guarda y cada año el dinero de nuestra pensión parte de cero. Como cada vez vivimos más años y hay menos niños, habrá menos dinero para nuestra pensión. O sea, que lo que hace Escrivá es subirnos los impuestos. ¿Pensiones? Ni rastro».

Y Emilia Landaluce cuenta el desasosiego del PP. «La pregunta es una constante. ¿Cómo es posible que Pedro Sánchez siga teniendo tan buenos vaticinios en las encuestas después de la que le ha venido encima en los últimos meses? La ley del solo sí es sí, el Tito Berni, los áticos de María Gámez, las Pam-plinas de Montero… (El lunes, Gad3 decía que Sánchez era el favorito para volver a ser presidente»), algo que nos ha dejado a todos estupefactos.

«Es normal, como publicaba El Confidencial, que en el PP estén en «alerta» porque el «síndrome de Génova» esté afectando a Pikachu ante la «resiliencia» del líder socialista. Y es verdad. «Sánchez nos puede dar un susto», advertía un «barón popular» en el mismo artículo. Y eso se percibe en los votantes que no están excesivamente politizados o pueden vivir al margen de la retórica antisanchista. Falta entusiasmo. Ese vibrar de la ilusión. Mbappé». Ayuso.

«Sánchez es sin duda el político más hábil para esquivar los momentos críticos». «Los meses que faltan hasta las elecciones generales se le van a hacer largos a la derecha. Sobre todo a Alberto Núñez-Pikachu». Sí, y a todos.

El País

«José Luis Escrivá: «Los críticos con la reforma de las pensiones llevan 20 años equivocándose»». «El bloque de investidura blinda la reforma de las pensiones y lo aprovecha para socavar a Pikachu». Pues a tenor de la opiniones de la prensa conservadora, lo está consiguiendo.

Soledad Gallego le da un empujoncito a Yolanda, que su espacio se resiste. «Los eventuales votantes de izquierda esperan con la respiración contenida una decisión que depende de muy pocas personas y no se explican bien por qué se ha llegado a ese punto». Mira, Pablo, como tienes a tu gente, en un sin vivir.

«Para los votantes de izquierda, la continuidad de un Gobierno de coalición tras las próximas elecciones es la única garantía de no retroceder en los avances sociales y de derechos civiles conseguidos desde 2019». ¿Qué derechos? Todas las leyes que se han aprobado, salvo la sueltavioladores ya existían de una manera u otra. A la Sole lo que de verdad le aflige es «el regreso al poder de la derecha». Que viene Vox, y eso.

«Las expectativas de continuidad del Gobierno de izquierda dependen en buena parte de lo que suceda en los próximos días, es decir de la relación entre Díaz, Ione Belarra e Irene Montero, con una evidente y fuerte influencia de Pablo Iglesias». Y que Podemos ya no vale nada, dice Gallego. «Podemos no tiene la misma fuerza que cuando sus círculos estaban en plena ebullición». «Y tras la salida de Iglesias de la dirección de Podemos, tampoco puede presentar un candidato presidencial capaz de competir en niveles de popularidad y aceptación con Yolanda Díaz». Puf, esto a Pablo le va a doler.

«Es posible que alguien dentro de UP crea que ir a las elecciones divididos y con sus propias siglas y dar paso a un Gobierno de derecha provocaría una fuerte crisis interna en el PSOE, de nuevo en la oposición, y le permitiría aprovechar esa circunstancia como la «alternativa» que hace relativamente poco aún creía que podía ser. Pero una decisión semejante acarrearía una fuerte responsabilidad como culpables del inevitable retroceso en derechos sociales y civiles que supondría un Gobierno Feijoo/Abascal», que tonterías se dicen a determinada edad. El Gobierno de Sánchez tiene machacados a empresarios y trabajadores.

«Podemos representaría entonces a esa izquierda que, según decía George Orwell, está formada por personas que juegan con fuego, sin siquiera saber que el fuego está caliente». Vaya manta de leches que le ha dado a Podemos, y en especial a Pablo Iglesias. Veremos si resiste la presión.

ABC

«Nueva versión de la ley de Secretos Oficiales: sólo el Gobierno podrá clasificar documentos». «El marido de María Gámez compró tres pisos por un millón de euros en los cuatro años bajo la lupa judicial». Lo de esta señora es increíble. Y el PSOE mirando para otro lado durante años.

El editorial también pone a caldo al juez deshonrado. «Tras su reprobación en el Congreso el pasado mes de febrero, Fernando Grande-Marlaska sufre ahora un definitivo revés judicial». » Tras la nefasta gestión de los incidentes de la valla de Melilla sobre las que llegó a pronunciarse el defensor del Pueblo, y más allá del perjuicio profesional y personal generado a Pérez de los Cobos, quien ejemplarmente cumplió con su encomienda y su deber, el crédito del ministro del Interior queda irreversiblemente agotado». Hace tiempo que Marlaska perdió la dignidad.

Según Alberto García Reyes, «Fernando Grande-Marlaska, otrora magistrado de renombre, ahora zombi del sanchismo, es uno de esos casos de figura de renombre arruinada por su vanidad. No es posible discernir si su celérico declive reputacional se debe a la capacidad de abducción de Pedro Sánchez, que abrasa cualquier talento que se le aproxime, o a su propia endeblez moral». Parece que teníamos sobrevalorado a Marlaska.

Teodoro León Gross sacude a Pikachu. «Pikachu se puede lamentar de que lo «manipulan» para «destruir a la oposición», pero no está ahí para quejarse de lo obvio sino para tener respuesta. La campaña que han desatado desde Moncloa opera con la lógica destructiva del Grupo Wagner». Sánchez es un killer, Pikachu, ya te lo advertimos.

«Sánchez ya ha reordenado su izquierda con la Operación Cosas Chulísimas, y ahora vuelve la mirada al espacio central para cortar la amenaza de fuga de medio millón de votos al PP. Esa es la clave de la campaña ‘ad hominem’ con todo el Grupo Wagner de Moncloa repitiendo inmisericordemente los ataques al Sr. Pikachu mientras sus medios proyectan el relato cosmopolita de Mr. Sánchez». Así que nada de quejarse. A por él. Y si vuelven a relacionarte con el narcotráfico, a los tribunales, que lo demuestren.

Manuel Marín advierte: «El PP y Vox no han ganado nada», sólo algunas encuestas. «¿Hay una bolsa de voto oculto cabreado? Seguro. ¿Hay más voto decidido que en los últimos procesos electorales? También. ¿Hay percepción de cambio de ciclo? Desde luego. Pero la fidelidad y la lealtad de la izquierda, incluso de su votante decepcionado, suele ser directamente proporcional al desprecio crítico que buena parte de la derecha siente contra sí misma. La izquierda tiene soldados disciplinados, y la derecha, conservadores, liberales puros, liberales ilustrados, liberalitos, moderados, moderaditos, fachas de discoteca, fachas de verdad, neocons, reaccionarios, democristianos, nerviosos, y acomplejados varios», vamos, un cajón de sastre muy desordenado. «Lo único común a todos es que empiezan a exigir que su derecha se ponga el despertador». Y que no saquen el champán antes de tiempo, que Sánchez es un tío peligroso. Vaya mañanita nos ha dado ABC.

La Razón

«Pikachu forja una alianza con los principales agentes económicos y sociales». Eso suena muy aburrido. «En la organización popular se ha abierto la reflexión de hasta dónde pueden o deben llegar para hacer frente al «populismo» económico y social -así califican ellos a las medidas sociales de Moncloa-, que creen que marcará la campaña de la izquierda. La reforma de las pensiones es un avance de lo que está por llegar y de las «cartas» con las que jugarán en los próximos meses el PSOE y su «muleta» por la izquierda, la hoy vicepresidenta y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz». «Este debate sobre las pensiones se ha saldado dentro de la organización popular con la decisión, impuesta desde arriba, de que el PP debe primar la «seriedad»». Y es que los expertos han alertado contra la reforma de Escrivá, que Sánchez nos llevará a la ruina. Pero como dice Rebeca Argudo, Sánchez se pasa los informes de los expertos por el forro «en lo que ya parece marca de la casa».

Juan Ramón Lucas también atiza al PP, en este caso por el desatino de la loca esa que llevaron a un acto en Madrid. «El PP parece perdido en la imprecisión, en una estrategia que no marca un camino claro. Es evidente que quiere y debe distanciarse de Vox, pero hacerlo a base de parecerse a Trump o a Bolsonaro no parece lo más inteligente». «Uno tiene la sensación de que en el esquema organizativo de la estrategia del PP no hay un cimiento asentado. Puede haber un objetivo, pero el camino está siendo un poco desconcertante».

«Si no fuera porque a la izquierda están en el empeño secular de autodestruirse, con el matrimonio entre el PSOE y Podemos absolutamente roto, y Sánchez a la espera de que la novia de blanco alcance la dote suficiente, se podría pensar que el PP lo tendría imposible para ganar o hacerlo sin Vox, a la vista de los méritos incesantes para desconcertar y liar a su electorado. Si es que saben cuál es». Qué depresión. Veo a Sánchez perpetuamente en Moncloa.



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