Pikachu acaba con el espantapájaros


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Acostumbrados a vivir en esa burbuja tan alejada de la calle como del mérito, políticos y columnistas nos han repetido hasta el agotamiento, con ese tono de pereza indignada, que esta moción de censura era un circo, un esperpento, un mal uso intolerable de las Instituciones. Eso dicen los propios circenses y quienes viven del derrumbe corrupto institucional. 

Tras una gira por los medios de comunicación donde parecía que Ramón Tamames iba a censurar a Vox y no a Sánchez, la presencia y réplicas de un octogenario han traído frescura al Congreso de los Diputados. Extraños aires de otra época que nos muestran lo que fuimos. Una España que no encaja. Quizá por las arrugas, por el nivel superior y especialmente por un discurso ajeno a los gabinetes de politólogos. Ese eslabón fuera de lugar en la cadena de montaje ha iluminado el escenario y desnudado la farsa política en la que nos han encerrado a los españoles.

Tamames ha estado muy bien con las burlas al discurso teletubbie de Yolanda cuqui Díaz

Tamames ha estado muy bien con las burlas al discurso teletubbie de Yolanda cuqui Díaz. Muy bien al interrumpir y ridiculizar a Sánchez por sus sermones, por defender la normalidad democrática de Vox ante la escandalización y asquitos de su existencia por parte de todos los farsantes del circo. Por ser el primero en el Congreso de los Diputados al señalar una realidad, impronunciable por la presión mediática incentivada de la OTAN,  que Estados Unidos promueve la guerra en Europa a través de Ucrania. Los ojitos en blanco entre risitas de las ministras ilustres al escucharlo debieran hacer sospechar a más de uno.

Si de algo ha servido la moción ha sido para que no pueda haber duda del modelo de gobierno que representa Sánchez, que alardea de ser un agente del lobby del clima que ocupa la Presidencia del Gobierno de España. Todo su largo discurso ha sido una reivindicación de la sumisión, de la entrega de nuestros intereses a terceros como un éxito. Un Presidente con el pin de subordinación a la Agenda 2030, a la que representa contra los intereses de los españoles. Sánchez espera que el cosmopaletismo de tantos españoles les lleve a celebrar y aceptar el delirio siempre que lo diga Europa y las organizaciones internacionales aunque se destruya nuestro porvenir. La clave alrededor de la que deberían girar las próximas elecciones generales.

La Constitución del ´78 no ha dejado muchos resquicios a los españoles para defenderse del poder en esta partitocracia

Quizá la moción de censura fuese concebida en origen con un espíritu distinto a un candidato sin más finalidad que la convocatoria de elecciones generales, pero la Constitución del ´78 no ha dejado muchos resquicios a los españoles para defenderse del poder en esta partitocracia. Se pueden ignorar manifestaciones populares, sentencias de inconstitucionalidad, regalar el Sáhara, no rendir cuentas y despenalizar los delitos de quienes gobiernan en menos de cuatro años sin que los ciudadanos puedan impedirlo, ni señalarlo sin que te llamen extrema derecha. 

La segunda moción de censura presentada por Vox en esta legislatura lejos de apuntalar a Sánchez por una victoria parlamentaria, como repite cual coro de loros la derecha mediática, viene a fijar el papel de cada uno y los apoyos de este Frente Popular posmoderno que nos gobierna con la abstención sueca del Partido Popular.

Es necesario que los de Pikachu se olviden de la caricatura de espantapájaros creada sobre ellos para desactivar a una derecha

El líder de VOX, en un discurso al que le ha sobrado improvisación, ha tendido la mano a los de Feijóo en un tono fraternal que deja en ridículo la postura de los populares. Un centro derecha obsesionado con obtener el distanciamiento mediático de alguien con los valores de Pikachu levanta desconfianza. Pero hay algo en el discurso de VOX que a veces recuerda al PP. Como si buscasen distanciarse de si mismos otorgando únicamente a terceros, independientes y de izquierdas, como Ramón Tamames, «la mesura y concordia». Como si dichos valores no los hubiese representado mejor Pikachu en el primer día de moción de censura. Como si escuchasen el mensaje de los medios que despojan a VOX de su legitimidad para ocupar el poder. Es necesario que los de Pikachu se olviden de la caricatura de espantapájaros creada sobre ellos para desactivar a una derecha fuera de la agenda socialista. No necesitan a nadie fuera de la derecha para justificarse con esos mismos medios que denuncian. Han de crear referentes propios en la derecha sin tener que acudir a nadie que insista en su lejanía ideológica.

Una moción de censura que pierde el Partido Popular, que sólo podría salvar su absurdo papel con un Feijóo ausente votando a favor de un Ramón Tamames y un Pikachu que han representado a una España que no debieran ignorar.





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